FAMILIA JULIO CHEVALIER :
LOS LAICOS MSC
Klaus Sanders msc
Asistente General
El cardenal Gasquet cuenta esta anécdota: Un catecúmeno preguntaba a un sacerdote católico cual era la posición de los laicos en la Iglesia. La posición del laíco en nuestra Iglesia, respondía el sacerdote, es doble: Ponerse de rodillas delante del altar, es su primera posición; sentarse ante el púlpito es su segunda posición. El Cardinal Gasquet añadía: Se olvidaba una tercera posición: Echa mano de su portamonedas.
Ésa debía
ser también la misión precisa de sus discípulos: ir al mundo entero y reunir
a la gente de todas las naciones y razas y culturas en esa gran familla nueva
de Dios. ‑ ¿Qué quiere decir 'ser discípulo'? Primero, es un don ‑
por nuestro bautismo hemos sido hechos miembros de esa nueva familia de Dios:
Ser discípulo quiere decir: tomar parte en una experiencia fundamental hecha
y transmitida por el Señor. Ser discípulo quiere decir: ser embelesado por
la visión del Señor, ser inflamado por la llama del Señor. Finalmente, eso
quiere decir: llegar a ser como el Señor. Un discípulo es una persona que
ha hecho la misma experiencia fundamental de Jesús. Dios ama a toda persona
con un amor incondicional, Reno de compasión. Está siempre con nosotros. Un
discípulo es alguien que comíenza a vivir su vida cotidiana sobre el fundamento
de esa experiencia y que ve el testimonio de esa experiencia como un compartir
la misión de Jesús. De esa manera se hace cooperador de Dios para la salvación
y la transformación del mundo según el designio final de Dios. Cada cristiano
está llamado a la misión por el sacramento del bautismo. El bautismo no es
un pasaporte para el cielo ni un ticket de entrada a la vida eterna. Es una
llamada a la misión. la mayoría de la gente encuentra la vida eterna sin ser
bautizada. El privilegio de ser cristiano es ser llamado a tomar parte de
manera especial en la misión de Cristo que es salvar al mundo. Ser llamado
quiere decir 'ser consagrado`, ser activo en el proyecto de Dios. A causa
de eso, todos somos "santos, consagrados, separados» (kléros) para ser enviados, para comprometemos de manera activa en la misión
de Dios, para ser "pescadores de hombres" (Mc.1,17). (Ver: John Füllenbach,
SVD, Called to Mission, in:SEDOS 96174)
Misión y Papel del laicado,
San Pablo enseña que cada cristiano recibe cansmas de¡ Espíritu para
el servicio de la [~¡a y, por ende, recibe dones de servido que debe ejercer
en y para la comunidad cristiana.
Todos los cristianos son discípulos de Jesucristo y, como discípulos, son enviados en el mundo para participar de la misma misión de Jesucristo.
La Iglesia es enteramente ministerial; todo cristiano, ordenado o no,
es llamado a ponerse al servicio de la comunidad cristiana y del mundo. Los
ministerios de los laicos son fruto inmediato del bautismo y de la confirmación.
Los laicos son apóstoles en la Iglesia y para el mundo, porque son bautizados.
La plena participación del la~ en todas las dimensiones de la actividad de
la Iglesia parece a la orden del día, aunque quede por completar un largo
caminar hacia el cumplimiento de ese ideal. Una comprensión más integral y
global ve a la Iglesia como communio en la que todos los cristianos
participan de la responsabilidad común aunque de diversas maneras. Esto implica
que una Iglesia, que, en el pasado, contaba demasiado exclusivamente sobre
el clero como una clase especial de cristianos, pase a ser una Iglesia de
todo el pueblo, una Ig~ que cuenta con todos los cristianos según sus dones
recibidos del Espíritu. El fundamento de todo ello, es la prioridad dada al
servicio, a la Iglesia servidora, al servicio del evangelio en el mundo y
para el mundo.
El NT no utiliza nunca el término laikos, aunque la palabra existía
ya dos siglos antes en el griego clásico. La Biblia conoce la palabra Vaos' y designa expresamente el pueblo
de Dios, distinto de las naciones, el pueblo consagrado a Dios. El primer
uso de la palabra 1aico' por oposición a los 'sacerdotes' se encuentra en
un documento romano, la carta a la comunidad de Corinto, cuyo redactor fue
Clemente, contemporáneo de los Apóstoles (Congar, Hitos para una Teología
del Laicado p.20121). La distinción entre el clero y el laicado
está muy clara en la literatura de la Iglesia a principios del siglo tercero
con Tertuliano, Clemente de Alejandria y Orígenes. Las palabras sumo sacerdote
(archiereus) y sacerdote (hiereus) son utilizadas únicamente para Cristo (Hebreos)
y la comunidad cristiana en su conjunto respectivamente (lPe.2,9; Ap.1,6;
5,10).
Caracterizar las funciones del clero en la Iglesia como sagradas y las
del laicado como seculares presenta muchas dificultades teológicas. Es muy
fácil comprender los sacramentos como actividades esencialmente sagradas.
Pero si los ministros ordenados son llamados a presidir su celebración, también
los laicos son llamados a participar plenamente de su celebración. Los sacramentos
no son exclusivamente asuntos del clero, sino que son esenciales a la vida
de los cristianos como tales. Y si éstos no participan de su celebración,
se los llama cristianos no‑practicantes.
Toda actividad ejercida por un cristiano, que sea ministro ordenado o
no, si es ejercida a lo menos implícitamente en nombre de Cristo y para Cristo,
es una actividad sagrada. Si esa actividad no es ejercida en nombre de Cristo
y para Cristo a lo menos implícitamente, no es cristiana. Es sólo un acto
de una persona humana. No olvidemos el dicho famoso de Pablo a los cristianos:
"Sea que coman, sea que beban, háganlo todo para gloria de Dios"
(lCor.10,31). Proclamar la palabra y escuchada, celebrar los sacramentos son
actividades comunes al cJero y al laicado; la única diferencia está en la
manera en que cada grupo y cada individuo participa de ellas.
El Vaticano II, lejos de resolver todas las cuestiones teológicas acerca
de los laicos y aun de los clérigos, muy a menudo las ha dejado en suspenso.
La teología de¡ laicado es bastante reciente en la Iglesia y ha evolucionado
fuertemente. Vaticano 11 ha sido el primer concilio ecuménico que le ha consagrado
un documento completo.
Es importante ver que la Iglesia entera es ministerial y que sus miembros
cumplen una multitud de ministerios y de servicios, ordenados o no. Hay que
percibir a la Iglesia esencialmente como una comunión de miembros iguales,
una comunión enviada en el mundo por Cristo para servir en el ejercicio de
dones innumerables M Espíritu Santo.
La Lumen Gentium hace la distinción entre el sacerdocio común
y el sacerdocio ministerial. El Vaticano II afirma que esos dos sacerdocios
son "diferentes esencialmente y no sólo de grado" (art. 10). Por
otro lado el n. 32 afirma "una auténtica igualdad entre todos" los
miembros de¡ Pueblo de Dios. El problema consiste en definir más precisamente
lo que es el sacerdocio común.
Si entendemos el sacerdocio común como participación del sacerdocio de
Cristo y si vemos los servicios y los papeles en la Iglesia y en el mundo,
que se ejercen en virtud del bautismo y de la confirmación según los dones
del Espíritu, entonces no hay solamente dos grupos diferentes en la Iglesia,
sino que hay tantos como dones del Espíritu. Cada creyente es responsable
del bien de la Iglesia y del mundo, pero según los dones recibidos.
Los laicos son miembros de pleno derecho en la Iglesia. No son solamente
gente a quien se debe decir lo que tiene que hacer y cuándo hacerlo. La Iglesia
no es una sociedad donde algunos individuos dan órdenes y toman todas las
iniciativas, y donde los demás no tienen más que escuchar y obedecer. El Espíritu
Santo no habla solamente a [os que tienen la autoridad: *Sopla donde quiere»
(Jn.3,8). Entonces los que tienen la autoridad deben estar atentos a lo que
el Espíritu dice por medio de todos los miembros de la Iglesia.
La palabra kIéros, de donde viene nuestra palabra "cIero",
se aplicaba a todo el Pueblo de Dios en el NT, porque todos "participan
de la heredad (kléros) del Pueblo santo de Dios » (Col. 1, 12; ver Hech.20,32;
26,18; 1 Pe. 1,4). Se les dice « llamados », « elegidos », « escogidos
» de Dios; son los « santos »; forman « un sacerdocio santo y regio ». No
se debería sacralizar. el clero a expensas de los demás creyentes.
El clero y el laicado deberían trabajar cogidos de la mano para llevar
a Dios la realidad secular y vivir la vida íntima de la Iglesia, llamada koinónia
(comunión) por el NT, es decir la comunión con Dios y de los unos con los
otros. Deberíamos evitar de hablar de una doble vocación o misión: una que
estaría en relación con la Iglesia y que sería la del clero, la otra que estaría
en relación con el mundo y que sería la del laicado. Todos los cristianos
tienen a la vez una vocación o una misión hacia la Iglesia y otra hacia el
mundo aunque participan de ella de manera diferente.
Los laicos son miembros de pleno derecho en la Iglesia, con una misión,
a la vez hacia la Iglesia y hacia el mundo. Desde este punto de vista, ninguna
diferencia puede existir entre el clero y el laicado. Es con respecto al liderazgo
en la Iglesia que hay y seguirá habiendo cierta diferencia. Los ministros
ordenados son los que, normalmente, presiden en la Iglesia, en particular
para la celebración de los sacramentos y para la Palabra. Pero en, con frecuencia,
un número bastante elevado de de laicos es llamado a ejercer un liderazgo
verdadero en la Iglesia, un liderazgo que no hace concurrencia al de los ministros
ordenados (Eugene Lapointe, OMI, Misión y Papel del laicado en la Iglesia.
Posición de una Iglesia de Africa. SEDOS, 99173).
El P. Julio Chevalier, fundador de las Congregaciones de los Misioneros
de¡ Sagrado Corazón (MSC) y de las Hijas de Nuestra Señora de¡ Sagrado Corazón
(FDNSC) y, con el P. Hubert Linckens msc, de las Hermanas Misioneras del Sagrado
Corazón (Her. MSC), no partió de principios teóricos para dotar de estructura
a sus Congregaciones, sino de la vivencia de su propia misión. Vivía la urgencia
de la misión, y las estructuras orgánicas que ofrecía tenían únicamente como
fin la realización de tal misión, es decir, la de prolongar la misión de Jesús
y, de esta forma, luchar contra los males destructores de la sociedad.
La misión común a [as tres Congregaciones es una misión sin fronteras,
abierta a todo género de obras y apostolados. Es lo que quiso expresar al
elegir como lema el Amado sea
en todas partes el Sagrado Corazón de Jesús.
la meta hacia la que debe orientarse la Comunidad es hacer que sea conocido
Jesús y el amor de su Corazón. Estaba convencido de que la devoción al Sagrado
Corazón era la respuesta a los males que imperaban.
La idea de la misión del P. Julio Chevalier es esencial para percatamos
de cómo comprendia y valoraba a los laicos. Leyendo sus primeras publicaciones
sobre la naturaleza y la misión de la Congregación, sentimos la fuerte impresión
de que consideraba imposible, irrealizable, hablar de cambiar el mundo y sus
valores, sin la participación de los laicos, ya que viven, como ninguno, inmersos
en el mundo.
A los sacerdotes religiosos, a los Hermanos y Hermanas, junto con los
sacerdotes diocesanos, corresponde un papel esencial; pero si la misión ha
de realizarse en el mundo, en los diversos niveles de la sociedad, los laicos
habrán de jugar también una función
de primer orden.
El P. Chevaber estaba convencido de que no bastaba por sí sola una Congregación
religiosa para llevar adelante la acción misionera. De ahí que en sus escritos
aludiera normalmente a tres elementos con que debería contar para su trabajo
la Congregación. Escribía, por ejemplo, en un folleto pub¡~ en IB66 con el
título Les Missionnaires du Sacré
Cœur de Jésus (pg « 7
y 8): “Los Misioneros del Sagrado
Corazón han de ser verdaderos Religiosos
para conseguir una semejanza mayor con Aquel, cuyo reino quieren extender,‑
deben, al mismo tiempo, guardar estrechas relaciones con el clero diocesano
para extender por doquier la saludable influencia del Sagrado Corazón... Y,
finalmente, para, si es posible, no dejar nada privado de tan beneficiosa
comente, habrán de impulsar una tercera orden, de laicos, que llegarán a donde
el sacerdote no puede llegar”.
En consecuencia, el P. Chevalier concebía que idéntica misión fuera realizada
por diversidad de grupos a fin de que fuera verdaderamente eficaz. Cada uno
de los grupos tenía su modo peculiar de llenar la misión.
Los MSC, las FDNSC y las Misioneras del Sagrado Corazón se han nutrido
de su visión y de su ejemplo. Para apoyarse mutuamente son muchos los laicos
que hoy se sienten llamados a adoptar los mismos ideales, guardando y conservando
su estatuto de laico. Expresan exigencias y encuentran posibilidades nuevas
inscritas en un amplio movimiento eclesial. El carisma del Fundador une a
personas consagradas y laicas, que se reconocen unidas e impulsadas por los
mismos ideales de vida y de misión.
En 1993 el Capitulo General MSC votó un documento que subraya el lugar
auténtico e importante de los laicos en el "proyecto de tres elementos"
(CE 61):.
Nuestro Fundador quería que la totalidad de la misión se realizase dentro de un proyecto global, comprendiendo religiosos y religiosas, sacerdotes diocesanos y laicos. En su visión de conjunto, deseaba vivamente ver nacer una asociación de laicos estrechamente unida a los religiosos participando de la misma espiritualidad y la misma misión. (Constituciones 1877).
El Capítulo General de las FDNSC, como el de las Misioneras en 1990,
han reconocido igualmente el importante lugar que el P. Chevalier atribuía
a los laicos en su proyecto. El Capítulo de las Hijas puso entre las prioridades
la promoción de los laicos: El Capítulo confirma las iniciativas ya emprendidas
en este sentido por diferentes Provincias... y anima a todas en las que haya
Laicos Asociados a ayudarles en su compromiso de vivir nuestro espíritu y
nuestra misión. Y el Capítulo General de las Misioneras anima a todas
las Provincias, Regiones y Distritos a estudiar las cuestiones relacionadas
con los Laicos Asociados y comenzar dicha asociación. El Consejo General de
las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón escribe: Creemos que la Asociación
de Laicos completa, fortalece, y enriquece el compromiso por nuestra espiritualidad
y nuestra misión... Alentamos a nuestras Hermanas en la promoción del sueño
del P. Chevalier de tener una asociación de laicos que trabajen junto con
nosotros a fin de que sea conocido y amado por todo el mundo el Sagrado Corazón
de Jesús.
Las relaciones Religiosos - Laicos deben ir marcadas por la comunión y la complementariedad.
La comunión comporta conocimiento y aprecio recíprocos, simpatía por las personas
y por los derroteros respectivos, coparticipación de bienes.
De la comunión y complementariedad nacen el enriquecimiento, y el apoyo
recíprocos entre Religiosos y Laicos. Se puede así experimentar en el interior
de la "familia carismática» una verdadera experiencia de comunidad eclesial
que permita traspasar el anonimato o la pertencia estructural, respetando
siempre la diversidad.
Las estructuras específicas de los Laicos han de ser definidas por ellos
mismos mediante un discernimiento realista que respete la vida de los diferentes
grupos en los variados contextos. Las estructuras de interdependencia entre
Religiosos y Asociados deben, por el contrario, definirse en diálogo y respeto
recíprocos entre ambas partes, de suerte que todos puedan beber el agua de
la misma corriente carismática, revistiendo las formas concretas de encarnación
según su estado.
El número de países que tienen hoy Asociados Laicos bajo la bandera de
Julio Chevalier crece de modo continuado. Los encontramos en África (Benin,
Camerún, África del Sur, República Democrática del Congo, Congo); en Europa
(Bélgica, Eslovaquia, España, Francia, Inglaterra, Irlanda, Países Bajos,
Suiza); en América (Brasil, Estados Unidos, Perú, República Dominicana, Venezuela);
en Asia (Indonesia, Japón, Corea); en Australia.
El primer Encuentro Internacional de Laicos de la Familia Chevalier en
lssoudun (4 al 9 de julio 1995) tuvo un eco muy positivo. Todos los participantes,
Religiosos y Laicos, alrededor de 160, experimentaron la íntima convicción
de haber vivido un tiempo fuerte durante esta semana de encuentros, de intercambios,
en el espíritu del P. Chevalier. El segundo encuentro internacional (19-25
julio 1999) tuvo también éxito considerable. Otra vez más de 160 participantes
de 22 países llegaron a Issoudun. . Este encuentro, convocado por iniciativa
del Consejo de Laicos de Francia-Suiza, ha demostrado con claridad la vitalidad
de la rama laica de la Familia Julio Chevalier. Se aceptó un documento base
para cuantos quedan comprendidos en la denominación “Laicos MSC”. La asamblea
se decidió por una estructura básica: una instancia de comunión internacional,
que tendrá como referente la comunidad de Miribel (Francia) en contacto con
Issoudun.