Nuestra Señora del Sagrado Corazón

MADRE– DISCÍPULA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Nuestra Madre y nuestra Guía

Merle Salazar, FDNSC

 

I.          INTRODUCCIÓN

 

            Este año, desde mayo de 2008 – mayo de 2009, estamos celebrando en las Filipinas el Año de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Ya sé que es demasiado pronto, pero una vez, no tiene nada malo celebrarlo con antelación. Este año se celebra en conmemoración de la primera vez que el P. Chevalier pronunció el título “Nuestra Señora del Sagrado Corazón” hace casi 150 años (la famosa conversación “bajo los cuatro tilos”). La mayoría de nosotros ya conoce la historia, pero permítanme que recordemos todos juntos lo que sucedió en palabras de uno de los primeros miembros MSC, el P. Charles Piperon:

 

 

Así pues, durante el año 1859 (no es posible fijar ni el mes ni el día en que tuvo lugar esta conversación… en la medida en que nos podemos fiar de las memorias que se escribieron posteriormente, debió de ser hacia finales de mayo o principios de junio) solíamos pasar nuestras tardes sentados a la sombra de los tilos, porque el sol calentaba mucho. En una ocasión, estábamos varios confráteres reunidos, de nuestra parroquia y de parroquias vecinas. Entonces de repente, el Rev. Padre Chevalier, que parecía preocupado con una idea, nos preguntó: “Qué título le daremos a la Capilla de Nuestra Señora en nuestra iglesia?” Cada uno de nosotros respondió según sus propios gustos y su propia devoción. Uno propuso el Corazón Inmaculado de María, o Nuestra Señora de las Victorias, otro dijo Nuestra Señora, Madre de Compasión, otro más Nuestra Señora del Rosario. “No, no”, dijo el reverendo Padre, “le llamaremos Nuestra Señora del Sagrado Corazón”. Este título prometido se pronunciaba de este modo por primera vez y fue recibido con sorpresa [1]   

 

Hoy en día, casi 150 años después de este conversación, nos reunimos procedentes de distintos países de todo el mundo, como miembros laicos de la familia religiosa que fundó el Padre Chevalier, miembros de la Familia Chevalier mundial, una familia a quien se le confió el cuidado especial de María bajo el título Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Nos reunimos en este hermoso país para orar juntos, aprender juntos, divertirnos juntos, para compartir con los demás y experimentar que significa en concreto ser “familia”.

 

            El tema de hoy es María, nuestra madre y guía. Y para nosotros, miembros de la familia Chevalier, María es, por supuesto, Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Doy por hecho que todos los aquí reunidos están ya muy familiarizados con Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Hagamos un pequeño concurso. Cuántas imágenes de Nuestra Señora del Sagrado Corazón tenemos? Tres! La primera imagen es sin duda alguna la imagen original de Chevalier (mostrar imagen 1), “la Virgen Inmaculada”, de talla normal, con los ojos y las manos dirigidos hacia abajo hacia el niño Jesús que está delante de ella. En su corazón, el niño tiene su corazón rodeado por rayos y con Su dedo indica hacia el todopoderoso [2] y con Su otra mano hacia su madre detrás de él. La segunda imagen es la más popular, al menos en Filipinas (mostrar imagen 2). Vemos a Nuestra Señora llevando en brazos al niño Jesús. Jesús indica hacia su corazón con una mano y hacia su madre con la otra. María también indica hacia el corazón de Jesús. Y, por ultimo, la tercera imagen es por supuesto la imagen bíblica de María al pie de la cruz (mostrar imagen 3). Como todos sabemos muy bien, tanto el título como las imágenes reflejan todos un solo significado. Y de este significado es de lo que hablaremos hoy.

 

           

II.                  QUIÉN ES NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN

 

Permítanme compartir con Ustedes una interpretación de la segunda imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón desde el punto de vista de alguien que no es miembro de la familia Chevalier. Considero este aspecto muy importante ya que creo que nos dice lo que la imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón evoca en la gente..[3] “La Virgen del Sagrado Corazón es una buna ilustración del papel de María en la Iglesia: conducirnos hasta Cristo y acercar a Cristo hasta nosotros. En esta imagen, la importancia no reside en la propia María, sino en el niño que lleva en brazos, el niño que nos conduce a su corazón abierto. Este culto mariano es en realidad una devoción a Cristo, una contemplación de su amor, y más específicamente, una adoración de su Sagrado Corazón” [4] Qué interesante que la imagen hable por sí misma!  ¿Siempre se ha pretendido esto?  En agosto de 1884, escribió el Padre Chevalier: “Sabiendo que todo se hace por medio de María, decidimos asociarla a la difusión del conocimiento del Corazón de su divino Hijo. Pero necesitábamos un título nuevo que indicara su colaboración en la obra de la regeneración. Fue entonces cuando se nos ocurrió la idea de llamarla Nuestra Señora del Sagrado Corazón.”[5] Así pues, desde los primeros comienzos, la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón ha sido una devoción promovida en apoyo y al servicio de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

 

            Aunque esto no es una charla sobre el Sagrado Corazón de Jesús, permítanme decir que yo creo que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es una devoción al amor de Dios.  Este amor es un amor que se asocia con los pequeños.  Es un amor que trabaja por la justicia, un amor que nos lleva a nuestro ser y nos impulsa a la acción.  Aloysius Pieris lo expresa de manera hermosa cuando dice que “la devoción al Sagrado Corazón no es una mirada fija y romántica del corazón, sino una fe programática que lleva a un compromiso compartido, a acciones valientes de amor para con los hermanos y hermanas más pequeños.”[6] Es esta comprensión del Sagrado Corazón y la devoción a él lo que, en mi opinión, es y debería ser, el fundamento de nuestra comprensión y de la manera de vivir la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

 

            Teniendo en cuento esto, quisiera seguir con mi charla y lanzar la pregunta siguiente: ¿Qué significan estas devociones, sobre todo la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón para nosotros, miembros de la familia Chevalier hoy en día? ¿Cuáles son las implicaciones concretas para que nuestra “devoción” no se limite a prácticas piadosas, sino que llegue a ser algo que se pueda descubrir en nuestra manera de vivir y de amar, en nuestra manera de estar presente en el mundo de hoy? ¿Cuáles son los retos del mundo de hoy en día y cuáles las respuestas que la devoción nos propone? ¿Cómo hacemos realidad estas respuestas?

 

 

III.        NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN SEGÚN EL PADRE CHEVALIER

 

            El título de “Nuestra Señora del Sagrado Corazón” nació de la oración meditativa sobre la Sagrada Escritura por parte del Padre Chevalier, y por lo tanto es Él quien ha trazado el origen de la devoción. El título une dos devociones principales de la Iglesia que existían en la época del Padre Chevalier: primero, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, y segundo, la devoción a María, la Madre de Jesús. Tengan en cuenta que el Padre Chevalier no tenía en mente una combinación mecánica de dos devociones, más bien encontró una manera dinámica de unirlas de tal manera que nació una nueva devoción que tenía como finalidad la unión de amor entre Jesús y María.[7] En esta relación, Jesús, de manera especial el Sagrado Corazón, es la fuente de todas las gracias.  María, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, es la  “intercesora- dispensadora” que presenta a Jesús las necesidades de la gente y luego reparte las gracias del Corazón de Jesús a las personas.  Al Padre Chevalier le gustaba usar la imagen de la “tesorera”.  El Corazón de Jesús es como un “cofre” que contiene las gracias y las bendiciones.  María entonces es la “tesorera” que tiene el cofre y distribuye las bendiciones que contiene.

 

            El Padre Chevalier era un hombre de su época, que usaba el lenguaje de su generación. Al igual que sus contemporáneos, él era culpable de ciertas exageraciones, especialmente en cuanto al papel de María. A pesar de dichas exageraciones, el Padre Chevalier tenía una idea clara del único mediador que es Jesús, y de la prioridad de Jesús y de su Corazón sobre María. Esto es precisamente el punto central del título, ya que Nuestra Señora nunca está representada sin el Sagrado Corazón. El Sagrado Corazón tiene la primacía, es el instrumento y el símbolo del amor de Dios y es del Corazón de Jesús del cual ha surgido la Inmaculada Concepción.[8]

 

            Según mi manera de entender, la “Espiritualidad del Corazón” requiere hoy en día una participación activa en la construcción del Reino de Dios aquí y ahora, un mundo donde reina la justicia y la compasión. Como lo señala Pieris: el símbolo más elocuente del amor es la ACCIÓN, sobre todo la acción en favor de la justicia. A la luz de esta afirmación, estoy segura de que necesitamos revisar nuestra comprensión propia y nuestro lenguaje acerca de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Creo que considerar a Nuestra Señora del Sagrado Corazón en primer lugar como intercesora y dispensadora de las gracias no nos conduce necesariamente a la acción. Permítanme que me explique mejor.

 

En el mundo actual estamos viviendo una crisis ecológica a nivel mundial de proporciones increíbles. En Filipinas sigue lloviendo en estos momentos, cuando la estación de lluvias ya debería haber finalizado el mes pasado. ¿Cuántos desastres naturales han azotado al mundo tan sólo en lo que llevamos de años? La “verdad inconveniente” es que al parecer hemos “molestado” de tal manera al ecosistema, que la Madre Tierra se está revolviendo de forma tan violente tan sólo para poder deshacerse de estas pequeñas criaturas destructoras que la pueblan. A esto le podemos añadir el decorado de la crisis financiera que afecta a todo el mundo en estos momentos y la pobreza generalizada.

 

¿Qué se espera de mí en estas situaciones? Yo, que soy miembro de la familia Chevalier, que afirmo tener una devoción por Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Si Nuestra Señora es para mí en primer lugar una intercesora y dispensadora de gracias, le pediré su intercesión, por supuesto! Veo lo que está pasando ante mis ojos y rezo a María pidiéndole que interceda por el mundo, por las situaciones particulares de dolor, sufrimiento e injusticia que veo. Y con esto ya he hecho lo que me corresponde. Y ahora, lo que tengo que hacer es esperar, con fe, a que Nuestra Señora dispense las gracias que necesitamos. La carga está en manos de Nuestra Señora, no en las mías. Considerarla como una intercesora y dispensadora de gracias me coloca en una posición pasiva y en consecuencia, no me incita a la acción. Estoy convencida de que esto no es suficiente. De hecho, no creo que el P. Chevalier hubiera estado de acuerdo con tal respuesta. En mi opinión, no podemos limitarnos a esperar que María dispense las gracias del Sagrado Corazón de Jesús.  No creo que estuviéramos satisfechos con sólo pedir su intercesión. Nuestra espiritualidad, la Espiritualidad del Corazón, exige más de nosotros.

 

¿No es esto suficiente para preguntarnos cómo deberíamos comprender el título y la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón hoy en día? ¿A qué deberíamos dar más énfasis para que nuestra devoción pueda promover una participación activa en la construcción del Reino de Dios en justicia y compasión? Llegados a este punto, permítanme buscar una respuesta a estas preguntas, tanto examinando a María en su contexto histórico como también explorando algunos textos bíblicos del Nuevo Testamento que se refieren a ella.

 

IV.        MIRIAM DE NAZARETH:  MARÍA DE LA HISTORIA [9]

 

            Nuestra Señora del Sagrado Corazón históricamente era una joven judía de Nazareth en Galilea.  Su nombre era Miriam, un nombre muy típico para mujeres judías, porque era el nombre de la profetisa Miriam, la hermana de Moisés y Arón.  Vivía como judía, celebrando y observando el sábado, asistiendo a la asamblea en la sinagoga de su pueblo y peregrinando con su familia a Jerusalén para la fiesta anual de los judíos.  En realidad no conocemos su aspecto físico, pero es muy seguro que tenia facciones semíticas, quiere decir, propio de la gente del Mediterráneo, con cabellos oscuros (no rubios), ojos oscuros (no azules) y piel oscura (no blanca).  Miriam es “una de nuestra raza, una verdadera hija de Eva... y realmente nuestra hermana, quien como mujer pobre y humilde compartía plenamente nuestra suerte”[10]

 

            Miriam era una mujer pobre de Nazareth, un pequeño pueblo campesino de Galilea. En el primer siglo los estudiosos describen Nazareth como “un pueblo judío pequeño, sin ninguna importancia política, dedicado a la agricultura y sin duda preocupado por los impuestos.”[11] No había ninguna señal de bienestar material “no había calles asfaltadas, ni edificios públicos, o inscripciones oficiales, ni mármol, mosaicos o pinturas”.”[12] Casada con un tekton, un carpintero, ella y su casa pertenecían a la clase de los artesanos, un sub-grupo dentro de la clase económica baja de su tiempo. En la sociedad agraria había principalmente dos clases, una superior y la otra inferior, con una brecha tremenda entre ellas. A la clase baja pertenecían los campesinos, los artesanos, los impuros, los degradados y expulsados.[13] Miriam, comparada con sus vecinos, no era más pobre. Pero justamente al lado de su pueblo había una ciudad romana rica, Sepphoris, para los habitantes un recuerdo fuerte de su pobreza. Además de ser pobres económicamente, ellos, como el resto de los Galileos, también eran marginados políticamente. Durante el siglo I; Palestina estaba bajo el Imperio Romano y los ciudadanos sufrían la pesada carga de unos impuestos desorbitados. Tenían que pagar impuestos al Emperador Romano, al Rey judío puesto por los romanos y al templo. “Los tributos de pueblos sometidos eran especialmente pesados.”[14].

 

            La sociedad israelita estaba centrada en la familia.  La elección para el matrimonio era asunto de familia y no podía ser decidida sólo por la persona individual. Las jóvenes judías por lo general se casaban a la edad de 12 años y medio, y el control sobre ellas pasaba del padre al esposo. Luego seguía el matrimonio en dos etapas.[15] La primera etapa del noviazgo (desposorios) consistía en el intercambio oficial del consentimiento entre el esposo y la joven delante de testigos. En este momento asumían un contrato oficial de matrimonio. Esta etapa generalmente duraba un año.  Durante este tiempo la joven seguía viviendo con su familia. A esto le seguía la segunda etapa, la de la transferencia.  La joven era llevada ahora a la casa del esposo, se trataba de una familia ampliada que podía abarcar hasta unas 100 personas al mismo tiempo. Debido a esta familia extendida, resultaba muy difícil para la novia sentirse aceptada en esta complejidad. Miriam formaba parte de una familia grande de generaciones diferentes, que probablemente era muy activa en un ambiente bullicioso. En este grupo ella era hija, hermana, esposa y madre, tenía que realizar las labores diarias como prepararla comida, confeccionar la ropa, arreglar el jardín, ocuparse de los animales y naturalmente cuidar a los niños pequeños. Miriam era una mujer pobre que trabajaba duro. Tenía una naturaleza fuerte, quizás buenos músculos y la piel quemada. Seguramente se parece mucho a muchas mujeres pobres, trabajadoras en lugares humildes y necesitados del mundo actual.

 

            En la época en que vivió Miriam, Israel estaba dominado por los Herodes. Herodes el Grande reinó desde el año 37 AC hasta el 4 DC. Herodes era un hombre violento. En el año 20 AC, comenzó con una importante restauración magnífica del Segundo Templo, lo cual se tradujo en impuestos más severos para el pueblo. Murió en el año 4 DC (unos 2 años después del nacimiento de Jesús). Después de su muerte, el resentimiento general se convirtió en rebelión por toda Palestina.  Teniendo que enfrentar tumultos generales, los Romanos respondían con una eficacia brutal. Se quemaron aldeas y los habitantes se vendidos como esclavos. En los pueblos alrededor de Sopphoris, como es el caso de Nazareth, la gente seguramente tenía recuerdos muy vivos, tanto de los levantamientos contra Herodes y los Romanos, como de la destrucción de los pueblos y la esclavitud de sus amigos y parientes. En este momento, Miriam debía tener alrededor de 15 o 16 años, una mujer recién casada con un bebé.

 

Más adelante, cerca del final de su vida, ella tendría que sufrir la ejecución de su Hijo en la cruz ordenada por el gobernador romano Pontio Pilato. Después de la muerte de su Hijo, Miriam entró a formar parte de la comunidad de los seguidores de Jesús después de su Resurrección. La pobreza, las injusticias, la violencia y la desubicación social sin duda no eran nada extraño para esta mujer. Como joven muchacha judía ella sentía miedo, estaba confundida, no comprendía. En este contexto, escuchó la llamada de Dios y dijo “sí”.  En la dureza de vida del primer siglo de Palestina, bajo el Imperio Romano, ella asumía su “sí” en la vida diaria, también más allá de la muerte de su Hijo. Finalmente la recordamos no sólo como la madre de su Hijo sino también como seguidora de su Hijo.


 

V.         MARÍA EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS 

 

            Vamos a centrarnos ahora en María en las Escrituras, particularmente en los Hechos de San Lucas y en el cuarto Evangelio. Los Hechos de San Lucas presentan a María como la primera discípula de Jesús y el modelo de los creyentes. Lucas domina las narraciones de la infancia. En los dos primeros capítulos de Lucas, vemos como María es llamada para ser la Madre de Dios y cómo responde a esta llamada (Lc.1, 26-39). También la vemos yendo “deprisa” a visitar a su prima Isabel y la escuchamos cantar las maravillas de Dios (Lc.1, 39-56) en respuesta a las palabras de alabanza dirigidas a ella. En su Magníficat, Raymund Brown la llama profetiza y representante de los pobres de Yahvé, los Anawim. Vemos en ella la imagen de una madre hermosa y preocupada, envolviendo a su Hijo en pañales. Somos testigos de su confusión en el nacimiento de su Hijo, la presentación en el templo y la pérdida de su Hijo, y nos sentimos inspirados por su respuesta de guardar todas las cosas en su corazón, viendo en ella una mujer de una reflexión teológica profunda. La última referencia de Lucas a ella en los Hechos (Hech.1,14) la ubica en la comunidad primitiva, esperando la venida del Espíritu Santo, enseñándonos que esta mujer, que como joven pronunció su “sí”, nunca se ha retractado de su “sí”. Lucas nos la presenta también como una Virgen abierta y receptiva al Espíritu creativo de Dios.  “El niño es plenamente obra de Dios, una nueva creación. Ella (María) no estaba anhelando o pidiendo un niño, ella simplemente experimentó la sorpresa de la creación.”[16]  Lucas describe la imagen de una discípulo y creyente como alguien que “escucha la Palabra y la cumple.“ Esta es en realidad la imagen que Lucas refleja cuando hace hablar a María: “Yo soy la esclava del Señor, que se haga en mí según tu palabra.” Es la imagen de una mujer activa, que sigue a Jesús como discípula, escuchando la palabra de Dios y cumpliéndola en la vida como madre de su Hijo.

           

            En el cuarto Evangelio, no se la identifica por su nombre, sino simplemente es llamada la “madre de Jesús”. La vemos en dos escenas significantes, en las Bodas de Caná (Jn. 2) y al pie de la Cruz (Jn 19), al comienzo y al final del ministerio de Jesús. En las Bodas de Caná escuchamos las únicas palabras que la Madre de Jesús pronuncia en todo el Evangelio:  “No tienen vino” y “Hagan todo lo que él les diga”. Estas palabras han sido interpretadas de muchas maneras en el transcurso de los años. Permítanme compartir con Uds. la interpretación de Elizabeth Johnson: “Sus palabras y sus obras ofrecen un retrato de intriga amorosa de una mujer como líder en la misión de Jesús. María ve que el vino se está acabando y, actuando de manera decisiva y con confianza, ella expresa la necesidad y toma la iniciativa para buscar una solución. Lejos de callarse, ella habla; lejos de permanecer pasiva, ella actúa; lejos de esperar la orden de los varones, ella se adelanta a sus deseos llevando a Jesús consigo; lejos de rendirse ante una situación dolorosa, ella la asume y organiza pasos para traer beneficios a los necesitados. Mirándolo bajo esta perspectiva, María está unida en solidaridad con mujeres alrededor del mundo que luchan por la justicia social para ellas mismas y para sus hijos.  Además, este pedido exigente de María está dirigido a la conciencia del Cuerpo Místico de Cristo hoy en día. No tienen vino, no tienen comida, no tienen agua potable para beber...  Uds. deben actuar”

 

En este Evangelio, Jesús también se dirige a su madre como “Mujer”. Los estudiosos están de acuerdo que esto no es una falta de respeto.  Es más bien una manera por parte de Jesús de invitar a su madre a un nivel de relación diferente, una relación de fe.  Aquí su Madre es invitada a ser discípula. Al pie de la cruz, se nos asegura que la madre de Jesús acepta la invitación para que nosotros la veamos junto al discípulo amado, formando la nueva familia de Jesús, una familia de fe. Allí la vemos como el modelo del discipulado. Al aceptar la llamada a ser discípula, María no abandona su papel de ser madre de Jesús. En realidad, su papel de madre se extiende. Ella ahora no es solamente madre del discípulo amado, sino la madre de la comunidad de los discípulos creyentes. La pregunta que ahora nos formulamos es: ¿Cómo podemos entender de la mejor manera la maternidad de María?

 

Yo quisiera proponer una manera de comprender la maternidad de María basada en la lectura simbólica del cuarto Evangelio de parte de Dorothy Lee [17]. Para Lee, la maternidad tiene su origen en Jesús mismo y ella la explica refiriéndose al discurso en Juan 6 sobre el pan de vida.  Allí dice Jesús “quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí” (Jn. 6,56) y “quien me come vive en mí” Jn. 6, 57b) . Jesús no se refiere aquí al canibalismo sino al hecho de alimentar a una persona viva. ¿No es esta la más clara imagen de una madre que amamanta a su hijo (o un feto en el vientre de su madre)?. Creo que Lee nos muestra el camino concreto de comprender la maternidad; una maternidad que da su propia carne y su sangre para que otros puedan vivir. Yo propongo que comprendamos la maternidad de María también de esta manera. No en términos de privilegios sino en términos de la “maternidad espiritual“ de Jesús, una maternidad que da su carne y su sangre para que otros puedan vivir.

 

            En resumen, tanto si consideramos a María desde el contexto histórico como mediante el estudio de los textos de las Escrituras, lo que vemos es la imagen de ella como madre y como seguidora de Jesús.  Como madre, su vida no fue precisamente un lecho de rosas. Como discípula, ella dijo “sí” y lo vivió también en el contexto de pobreza, injusticia y violencia.

 

 

VI.        CONCLUSIÓN

 

            Hemos visto como las investigaciones contemporáneas y los estudios bíblicos presentan a María como Madre-Discípula. Creo que hoy en día, es más comprensible y relevante considerar a Nuestra Señora del Sagrado Corazón como “Madre-Discípula” del Sagrado Corazón de Jesús, antes que llamarla intercesora o dispensadora de las gracias.  Si nos relacionamos con Nuestra Señora como madre-discípula, no podemos simplemente esperar que nos reparta las gracias de Dios; no podemos contentarnos con simplemente pedir su intercesión. ¿Por qué?  Si nos dirigimos a ella llamándola MADRE, vemos en ella a las muchas mujeres que sufren, lamentando la pérdida de sus hijos. Escuchamos su voz que nos dice: “no tienen vino, no tienen comida, no tienen agua para beber, no tienen casa, no tienen paz... ¡USTEDES deben hacer algo! Ella nos presenta el desafío de dar nuestra carne y nuestra sangre para que otros puedan vivir. Al rezarle a ella y llamarla discípula, escuchamos nuestra propia llamada a ser discípulas. Estamos invitadas a escuchar la palabra de Dios, guardarla en nuestros corazones y ponerla en práctica en la vida diaria.  Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Madre-Discípula, nos llama a la contemplación y a la acción.

 

            Ya hace casi 150 años que el P. Chevalier pronunció el título Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Empezó reflexionando acerca del significado del título incluso antes de haberlo pronunciado. Y hoy en día, tantos años después de aquel momento, continuamos con la reflexión del Padre Chevalier. Como él, abrimos nuestros ojos a las señales de nuestra época. Al igual que él, estamos convencidos de que el amor de Dios y el deseo de Dios que hay que preservar son mucho más fuertes que los males que vemos dentro y alrededor de nosotros. Así que, como él, no perdemos la esperanza. En su lugar, escuchamos la voz de Dios cuando oímos a María decir “Hagan todo lo que él les diga”. El P. Chevalier murió hace 101 años, pero sabemos que hoy en día está presente en cada uno de nosotros. Es nuestra responsabilidad el conseguir que su carisma y su espiritualidad formen parte constante y eficaz de nuestras vidas.

 

            En esta tarea no estamos solos.  Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Madre-Discípula del Sagrado Corazón de Jesús, está con nosotros, aportando esperanza a situaciones aparentemente desesperadas, diciéndonos que “se puede hacer algo” y acompañándonos en nuestros esfuerzos por hacer realidad el Reino de Dios, aquí y ahora.

 

           

 

 

Preguntas para la reflexión:

 

1.      ¿Qué situaciones de desesperación ven y/o experimentan en sus vidas personales y comunidades?

2.      Imagínense que Nuestra Señora del Sagrado Corazón se viera en estas situaciones de desesperación, y teniendo en cuenta cómo vivió su vida terrenal, ¿cómo creen que actuaría en dichas situaciones? Imagínense que les hablara, ¿qué les diría?

3.      Nuestra Señora del Sagrado Corazón oyó su llamada y la vivió con una fidelidad llena de coraje. ¿Cómo la viven ustedes? ¿Cuál es la llamada de Dios para ustedes como miembros laicos de la familia Chevalier? ¿Cómo están viviendo esta llamada? ¿Qué les está pidiendo Jesús que hagan? (como individuos y como organización).

 

 

 

Conferencia para el encuentro internacional

De los Laicos de la Familia Chevalier

República Dominicana

17 de noviembre de 2008



[1]Jan G. Bovenmars, MSC, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Generalato, Misioneros del Sagrado Corazón, Roma, 1996, 7-8                

[2]Ibid, 1

[3] Nick Joaquin, ed., María en Filipina, (Luz Mendoza Santos, Manila, Filipinas, Mayo 1982)

[4]ibid, 60

[5]Jules Chevalier, “Letter Regarding the First Edition” con fecha de 24 de agosto de 1884 en Nuestra Señora del Sagrado Corazón, 4a edición, Sheila Larkins, FDNSC, traductor, (Canberra Publishing and Printing: Australia, 1985), 211.

[6]Aloysius Pieris, SJ, “The Heart of Jesus’ Spirituality and  the Prophetic Mission to the Poor: A Sciptural Meditation” in East Asian Pastoral Review, Vol. 41, #1, (East Asian Pastoral Institute, QC Phils., 2004), 34

 

[7]“El amor muy especial que el Sagrado Corazón tiene por María y el amor muy especial que la Virgen María Bendita tiene por el Sagrado Corazón de Su Hijo Divino”. F.D. Mullane, MSC, Devotion to Our Lady of the Sacred Heart, (Salesian Technical School, Tokyo, Japón, 1961) 5

[8]Jules Chevalier, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, 4a edición, Sheila Larkins, FDNSC, traductor (Canberra Publishing and Printing: Australia, 1985) 56

[9]La información de esta sección se ha extraído en su mayor parte de la Parte 4 del libro de Elizabeth Johnson Truly Our Sister.  La parte 4 se titula“Picturing a World.” Mary Thomas, en su obra, describe esta sección como “un buen resumen científico de las mejores investigaciones contemporáneas”

Elizabeth Johnson, Truly Our Sister: A Theology of Mary in the Communion of Saints, (Continuum, New York, 2003), 137-207   

[10]Papa PabloVI, Marialis Cultus, par. 56

[11]E. Johnson, 144 (Cita de Jonathan Reed).

[12]Ibid 143

[13] Basado en el modelo de sociedad agraria tradicional desarrollado por el antropólogo Gerhard Lenski.  Se discute en las pág. 144-146 del libro de Johnson.

[14]Luke Timothy Johnson, The Writings of the New Testament: An Interpretation. Rev. ed., (Fortress Press, Minneapolis, 1999) 27   

[15]La discussion que sigue acerca del proceso de casamiento se ha extraído de Bertrand Buby, Mary of Galilee: Woman of Israel, Daughter of Zion, Vol II. (Alba House, New York, 1995) 51-54

[16]Raymond Brown, The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives of Matthew and Luke, Updated ed, (Doubleday, New York, 1993)  302, nota al pie de página N°19

[17]Dorothy Lee, Flesh and Glory: Symbolism, Gender and Theology in the Gospel of John, (The Crossroad Publishing Company, New York, 2002), Véase capítulo 8: Giving Birth – Symbols of Motherhood, páginas 135-165.