LOS LAICOS MISIONEROS DE LA FAMILIA CHEVALIER
EN LA IGLESIA HOY
Norma Campos Salgado, lmsc
Comunidade N. Sra do Sagrado Coração
Pro-Província do Rio de Janeiro/ Brasil
En primer lugar me gustaría
agradecerles la invitación para compartir con ustedes, miembros de la Familia Julio
Chevalier experiencias, vivencias y testimonios que en nuestras familias,
comunidades y en los diferentes ambientes de trabajo hacen la diferencia, o
deberían hacerla, a nosotros que vivimos en una sociedad carente de amor, justicia
y paz.
Tenemos que estar cada día más
conscientes que “la Iglesia
de la cual somos miembros bautizados es misionera, no solamente por actividades
misioneras más por el esfuerzo de enculturación del evangelio y de la fe”
Laicos y laicas, misioneros y misioneras de la familia Chevalier
Ser laico misionero en una familia
de consagrados no debe llevar a sentirnos como religiosos, o casi un grupo
opuesto a los clérigos en relación a la jerarquía eclesiástica o simplemente,
en sentido común, desconocedores de algo.
En los primordios de la Iglesia se usaba el término
“discípulo” para personas que tenían alguna función, sustituido después por fieles.
El primer escritor eclesiástico que empleó el término “laico” fue Clemente
Romano, en el siglo II, en una carta escrita a la iglesia de Corinto. Parece
que fue usado poco a principio y rescatada a partir del siglo XII. Hoy, somos
llamados a ser discípulos misioneros Discípulos, porque nacemos del encuentro fuerte y
personal con Cristo, reunidos en comunidad y misioneros porque el verdadero
discípulo se torna misionero permanente y ardoroso.
La identidad del laico -
identidad cristiana - consiste en su personalidad humana, su condición de
cristiano bautizado, asumida en Cristo y reconcretizada por el Espíritu. Todos los
bautizados son llamados a renovar su compromiso bautismal, o sea, el compromiso
de vivir en el mundo como Jesús Cristo vivió, recriando sus actitudes y repitiendo
sus gestos.
Y sobretodo, amando con un corazón semejante al suyo.
Considero, la respuesta al llamado
de Dios para servirlo como “Laica Misionera de la Familia Julio
Chevalier” una forma de vocación explícita y singular. Explícita, por tornarse
a cada día más clara a medida que nos abrimos y experimentamos el Corazón de
Dios y singular por ser única en sus características, esto es, en la forma de
buscar ser este Corazón de misericordia y ternura, en todo tiempo y lugar.
Fuimos escogidos, llamados a evangelizar, no por carta, mensajes, llamadas o alguien
tocando en nuestra puerta. Somos llamados pelos ojos y oídos de nuestro corazón
y sobretodo por una sed de querer más paz y justicia, sobretodo para nuestros
hermanos pobres y excluidos. Esta vocación se descubre, se alimenta y se realiza
en la Iglesia,
organismo vivo, pues el Espíritu Santo suscita en ella, de un modo
imprevisible, los diversos carismas que son el fundamento de todos los
servicios y ministerios en el mundo carente de amor. Tenemos que reconocer que
la mayoría de nosotros fuimos conquistados y encorajados a vivir la espiritualidad
de Julio Chevalier, por la manera y ejemplo del actuar de nuestros hermanos
misioneros y misioneras del Sagrado Corazón y de las hijas de Nuestra Señora del
Sagrado Corazón. Las diferencias nos identifican y la espiritualidad del
fundador nos aproximan.
Así, debemos pensar que somos
criaturas que creen en Dios, Padre, Hijo y en el poder creador del Espíritu Santo,
personas que desean conocer la voluntad de Dios para hacerla y tornarla una
realidad, que por la vida van teniendo momentos felices y otros tristes, de
esperanza y de dudas y desesperanzas, experiencias de pecado y de sentirse
amadas y perdonadas, no olvidándose que debemos caminar juntos, formando
comunidades. Como laicos en esta familia debemos atraer y motivar a los hermanos
y a las hermanas a caminar juntos, descubriendo esta vocación, siendo en
nuestra comunidad el rostro vivo y activo de la Iglesia, asumiendo la
responsabilidad de ayudar a los hermanos a vivenciar el mandamiento del amor
que Jesús nos enseñó. Hoy hay que tener una actitud firme ante la injusticia y
la falta de valores. Necesitamos vivir de tal manera que nuestra vida sea
nuestra palabra.
Cuando me preguntan como vivir
el cristianismo como Laica Misionera del Sagrado Corazón en la familia,
comunidad y en el trabajo les respondo que independientemente donde se esté, si
hay en el interior de su ser, un espacio reconocido de la presencia del Espíritu
de Dios, y de su amor, con profundo respeto por toda la Creación, todo lo
que se haga será reflejo del seguimiento a Cristo. A cada día la persona se
torna más humana y sensible al dolor del pueblo y a la voz de la Iglesia. Esto es el gran
desafío de nuestra misión, que debe empezar entre nosotros e irradiarse del
interior de las comunidades laicas de esta familia para el pueblo .
La espiritualidad de Julio
Chevalier debe ser vivida en la realidad de nuestros días. Los tiempos que
vivimos hoy no son los mismos de los laicos que acompañaban al Padre Chevalier.
Ciertamente sus ideales de amor, el testimonio de Dios misericordioso y tierno,
su carisma y espiritualidad continúan hoy pero hay que traduzirlos en nuestro tiempo,
en el siglo XXI.
Los laicos de la familia Julio Chevalier
en la Iglesia
El hombre y mujer de hoy, no
aceptan más una orientación sin que ellos entiendan porque y para que necesitan
de ella. Quieren también ser libres para decidir todo, incluyendo la manera de expresar
su fe, sentiendose merecedores o no, en fin decidir sin tutela. En el tiempo de
nuestros padres y algunos profesores no se cuestionaba nada, debía ser así y
era. Actualmente se percibe un deseo de transformación de la mentalidad y de la
libertad que se contrapone a la sumisión. Esto, esta ocurriendo en la política,
economía, cultura, en las leyes y la
Iglesia también no se escapa de esta realidad. Como consecuencia
de todo esto, los discípulos misioneros se tornan más críticos, cuestionadores
y muchas veces innovadores. En la opinión de muchos hasta pasan por rebeldes. Para
alcanzar la autonomía que buscamos, necesitaremos ser capaces, conocedores de
nuestro genuino valor como individuos y de nuestra responsabilidad. En algunas comunidades
que tenemos observado, ya se percibe transformaciones y es posible sentir un espíritu
de fraternidad, entre el sacerdote y sus parroquianos, buscando vivir una nueva
manera de ser Iglesia. Ellos ya percibieron que
es necesario cambiar la imagen tradicional, que no se acepta más, de “oveja
guiada.” Para esta transformación, donde todos son
llamados a participar tendríamos que aprender y vivenciar la autonomía, con participación
también en las estructuras de decisión, dialogo, escucha, amor, servicio y co-responsabilidad. Reconocemos aquí
la presencia de los MSC que están incluidos en el ejemplo citado anteriormente.
El Espíritu de
Dios soplando es el responsable por estos cambios, iniciados en el Concilio del
Vaticano II cuando se formuló el desafío de que la Iglesia debería escuchar
las señales del tiempo. Una de estas señales es “el protagonismo de los laicos”.
Tomamos conocimiento que el Concilio había abierto un espacio para los laicos
pero no sabíamos como superar tantos años de obediencia ciega, imposibilidad de
participación, escucha, órdenes y poder. Deberíamos superar la sumisión y
nuestra hesitación en asumir el compromiso, aún hoy, por un lado y el recelo y
la inseguridad de algunos hermanos ordenados de perder el poder por otro. Todo
esto obstaculiza nuestra caminada. Con todos estos cambios en curso una nueva
mentalidad esta formándose y una nueva auto comprensión, apunta para una nueva autonomía
. A pesar de los documentos de la Iglesia como Santo Domingo, Ad gentes, Lumen gentium, , Aparecida, el propio
Derecho Canónico (1983) y otros que
hablan de la participación de los laicos en las orientaciones de la Iglesia, en la práctica esto
ocurre apenas en menor dimensión Los laicos también aún no consiguieran superar una historia milenar de sumisión. El propio laico no se
siente encorajado a participar activamente, la mayoría prefiere apenas asistir la misa y oír las homilías. Pero hay
un cierto clima de renovación que refleja el despertar de los laicos para
desafíos de la cultura actual con nuevas aspiraciones que ahora en algunos locales
y parroquias son percibidas:
● la
aspiración a la libertad, manifestada sobretodo en la percepción de la dignidad
de la persona humana, como ejemplos: la reacción a toda la discriminación
étnica y social, como la defensa de los derechos humanos y del medio ambiente etc…
● la sed creciente
de participación que exige un trabajo conjunto entre los ministerios ordenados
y no ordenados, incluso en las decisiones
de la Iglesia.
“Escuchen los laicos, apreciando
fraternalmente sus deseos, reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la
actividad humana, para juntos con ellos
percibir las señales de los tiempos.”
● la sed de
formación para mejorar su competencia y habilitación en el trabajo misionero se
torna un clamor.
● el despuntar
de una espiritualidad bíblica más unida a la vida, histórica, comunicativa y
afectiva
● el papel
de la mujer en la Iglesia
a cada día se torna más enriquecedor y cuestionador, por
la contribución del lado femenino.
●el contacto
con los medios de comunicación provoca una sensibilidad para los problemas universales.
¿Como Laicos Misioneros de la Familia Julio Chevalier
nosotros tenemos también estas aspiraciones? ¿Ellas están siendo cambiadas en
realidad o permanecen como simples aspiraciones en mi comunidad?
Creo que ahí
empieza nuestra misión. En primer lugar es necesario saber, como persona y
comunidad, si estamos haciendo la voluntad de Dios para con nosotros y para los
otros. Después de conocerla, intentar realizarla. ¿Cómo? Por la fidelidad a las
promesas de nuestro bautismo y al proyecto que Dios tiene para cada uno, disponiendo
los dones para el servicio en la comunidad. La obediencia a Dios es el dato
central en la formación de una comunidad de discípulos y misioneros. No es una
obediencia que se queda solo en palabras y buenas intenciones pero es aquella que lleva a asumir el compromiso empeñado en
la propia existencia por el Reino de Dios. y
más consciente a hacer nuestro compromiso, como Laico y Misionera del Sagrado
Corazón., cumplirlo y renovarlo. Deberíamos pasar y buscar que otros pasen de
una religiosidad pasiva y alienada para una vivencia activa y transformadora. Es
ese tipo de actividad que Jesús pide a nuestras .comunidades de laicos. Así
tendremos que superar los desafíos, hacer caer barreras que están ahí e impiden
nuestra acción misionera.
Para tal el primer
paso es recuperar la consciencia de
nuestra misión que es ser agente de transformación responsable dentro y fuera
de la Iglesia.
¿Como podremos cambiar algo se desconocemos nuestro papel? A seguir tendremos
que cuestionarnos para saber que tipo de laicos somos nosotros, a partir de
nuestra mentalidad. Sin recelo pero buscando la verdad para cambiar si fuera
necesario. La paciencia y la fidelidad de Dios nos dará seguridad para que podamos
analizar. Ciertos de su comprensión tendremos oportunidad de rever nuestra
decisión y ser acogidos por su misericordia. Podemos cuestionarnos, a partir de
la síntesis de Renold Blank, ¿Somos?
● Ovejas
─ los que quieren permanecer como tal: sentirse seguros, obedientes y mantener
la dicotomía “el clero ↔ el laico”, teniendo miedo de nuevas estructuras
y no deseando asumir responsabilidades, resistiendo a la emancipación
recurriendo al valor de la tradición y al poder de la jerarquía.
● Consumidores
─ los que se consideran emancipados, buscando en la religión y en la Iglesia conforto espiritual
y que ellas puedan prestarles servicio.
● Emancipados
─ los que representan el tipo de hombre y mujer pos-modernos, no aceptan
la tutela de la
Iglesia Institucional Aquí se incluyen los resignados,
aquellos que perdieron también la esperanza de cambios en mecanismos de tutela y poder que emigran silenciosamente
y los sublevados que también no creen en cambios por parte de la Iglesia y la abandonaron
porque tuvieron experiencias decepcionantes con ella..
¿En que categoría de laico estoy incluido? ¿Será
que me encuentro un poco en cada una o en ciertas ocasiones soy un (a) y en
otra soy otro (a)?
Las dificultades y obstáculos al
protagonismo de los laicos:
Un gran obstáculo
al protagonismo del laico son las estructuras cerradas del poder jerárquico, aún existentes hoy. Poder que viene contribuyendo durante siglos para la aparición y permanencia de dos
clases en la Iglesia,
clérigos y laicos. Asimismo para nosotros, de la familia Chevalier que somos acompañados
por hermanos ordenados con una visión más abierta y que tornan este yugo más
suave, muchas veces nos sentimos bloqueados, juntamente con ellos, de ejercer
nuestro apostolado para realizar nuestra misión. Pero de ninguna manera podemos
decir que no fuimos ayudados por ellos. Hay un cierto alivio cuando percibimos
en los religiosos ordenados o no y religiosas de esta familia, estructuras de
comunión y participación fraternales que apuntan para una Iglesia donde la
palabra- llave es servicio y no poder. Esta será la Iglesia de mañana y del
futuro donde será mantenida la dignidad y el valor de cada un de los
respectivos carismas, a partir de una perspectiva del servicio al Reino de Dios.
Cuanto a nosotros
laicos, en la mayoría de veces somos más conocidos por la comunidad en general
y por los sectores, por hacer parte de las pastorales de la liturgia, del
bautismo, de los vicentinos, de la catequesis y como ministros extraordinarios
de la Eucaristía
etc.. de que Laicos Misioneros de la Familia Julio Chevalier a servicio de la Comunidad. ¿Dónde está
nuestra identidad? Si nos tornamos pequeños grupos dentro de la comunidad y da
comunidad mayor que es la
Iglesia, si las personas que conviven con nosotros no son
contagiadas para desear conocer, por nuestra vivencia la espiritualidad del
Corazón, según el fundador, es necesario reflejar para valorar la caminada y
ciertamente cambiar. Si nuestra misión es tornar conocido el Sagrado Corazón
por toda parte y esto no está ocurriendo a partir del medio próximo, esto es,
nuestra parroquia, en verdad es necesario tener el coraje de reconocer que algo
necesita ser hecho.
para alcanzar nuestro objetivo. Las
otras dificultades transcurren ciertamente de esta.
Por amar la Iglesia y creer que ella
es capaz de renovarse, porque el Espirito de Dios transformador en ella actuar;
esperamos y trabajamos para que ella sea viva, fiel y creíble, que sea capaz de
promover un laiacato maduro, co-responsable con la misión de anunciar y
hacer visible el Reino de Dios.
Como personas con
identidad cristiana que atendemos al llamado para ser el Corazón del Cristo,
como Laicos Misioneros de la Familia Julio
Chevalier, en todo tiempo y lugar, es necesario saber cuidar, que significa cuidar de los
valores que dan rumbo a nuestra vida y de significados que generan esperanza, cuidar para colocar los compromisos éticos
arriba de los intereses personales o colectivos, cuidar de alimentar la brasa interior
de contemplación y de la oración para que jamás se apague. Significa especialmente
cuidar de la espiritualidad experimentando Dios en todo y permitiendo su
permanente nacer y renacer en lo corazón
Así podremos
decir: Donde hay un Laico Misionero de la Familia Julio Chevalier bien
formado, participante, coherente y protagonista de una nueva evangelización,
alí el
Cristo se revela y se torna conocido y amado.
“Amado sea por toda parte el Sagrado
Corazón de Jesús (Julio Chevalier)”
Eternamente