LOS LAICOS MISIONEROS DE LA FAMILIA CHEVALIER

EN LA IGLESIA HOY

Norma Campos Salgado, lmsc

Comunidade N. Sra do Sagrado Coração

Pro-Província do Rio de Janeiro/ Brasil

 

En primer lugar me gustaría agradecerles la invitación para compartir con ustedes, miembros de la Familia Julio Chevalier experiencias, vivencias y testimonios que en nuestras familias, comunidades y en los diferentes ambientes de trabajo hacen la diferencia, o deberían hacerla, a nosotros que vivimos en una sociedad carente de amor, justicia y paz.

Tenemos que estar cada día más conscientes que “la Iglesia de la cual somos miembros bautizados es misionera, no solamente por actividades misioneras más por el esfuerzo de enculturación del evangelio y de la fe”[1]

Laicos y laicas, misioneros y misioneras  de la familia Chevalier

Ser laico misionero en una familia de consagrados no debe llevar a sentirnos como religiosos, o casi un grupo opuesto a los clérigos en relación a la jerarquía eclesiástica o simplemente, en sentido común, desconocedores de algo.

En los primordios de la Iglesia se usaba el término “discípulo” para personas que tenían alguna función, sustituido después por fieles. El primer escritor eclesiástico que empleó el término “laico” fue Clemente Romano, en el siglo II, en una carta escrita a la iglesia de Corinto. Parece que fue usado poco a principio y rescatada a partir del siglo XII. Hoy, somos llamados a ser discípulos misioneros [2] Discípulos, porque nacemos del encuentro fuerte y personal con Cristo, reunidos en comunidad y misioneros porque el verdadero discípulo se torna misionero permanente y ardoroso.

La identidad del laico - identidad cristiana - consiste en su personalidad humana, su condición de cristiano bautizado, asumida en Cristo y reconcretizada por el Espíritu. Todos los bautizados son llamados a renovar su compromiso bautismal, o sea, el compromiso de vivir en el mundo como Jesús Cristo vivió, recriando sus actitudes y repitiendo sus gestos[3]. Y sobretodo, amando con un corazón semejante al suyo.

Considero, la respuesta al llamado de Dios para servirlo como “Laica Misionera de la Familia Julio Chevalier” una forma de vocación explícita y singular. Explícita, por tornarse a cada día más clara a medida que nos abrimos y experimentamos el Corazón de Dios y singular por ser única en sus características, esto es, en la forma de buscar ser este Corazón de misericordia y ternura, en todo tiempo y lugar. Fuimos escogidos, llamados a evangelizar, no por carta, mensajes, llamadas o alguien tocando en nuestra puerta. Somos llamados pelos ojos y oídos de nuestro corazón y sobretodo por una sed de querer más paz y justicia, sobretodo para nuestros hermanos pobres y excluidos. Esta vocación se descubre, se alimenta y se realiza en la Iglesia, organismo vivo, pues el Espíritu Santo suscita en ella, de un modo imprevisible, los diversos carismas que son el fundamento de todos los servicios y ministerios en el mundo carente de amor. Tenemos que reconocer que la mayoría de nosotros fuimos conquistados y encorajados a vivir la espiritualidad de Julio Chevalier, por la manera y ejemplo del actuar de nuestros hermanos misioneros y misioneras del Sagrado Corazón y de las hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Las diferencias nos identifican y la espiritualidad del fundador nos aproximan.

Así, debemos pensar que somos criaturas que creen en Dios, Padre, Hijo y en el poder creador del Espíritu Santo, personas que desean conocer la voluntad de Dios para hacerla y tornarla una realidad, que por la vida van teniendo momentos felices y otros tristes, de esperanza y de dudas y desesperanzas, experiencias de pecado y de sentirse amadas y perdonadas, no olvidándose que debemos caminar juntos, formando comunidades. Como laicos en esta familia debemos atraer y motivar a los hermanos y a las hermanas a caminar juntos, descubriendo esta vocación, siendo en nuestra comunidad el rostro vivo y activo de la Iglesia, asumiendo la responsabilidad de ayudar a los hermanos a vivenciar el mandamiento del amor que Jesús nos enseñó. Hoy hay que tener una actitud firme ante la injusticia y la falta de valores. Necesitamos vivir de tal manera que nuestra vida sea nuestra palabra.

Cuando me preguntan como vivir el cristianismo como Laica Misionera del Sagrado Corazón en la familia, comunidad y en el trabajo les respondo que independientemente donde se esté, si hay en el interior de su ser, un espacio reconocido de la presencia del Espíritu de Dios, y de su amor, con profundo respeto por toda la Creación, todo lo que se haga será reflejo del seguimiento a Cristo. A cada día la persona se torna más humana y sensible al dolor del pueblo y a la voz de la Iglesia. Esto es el gran desafío de nuestra misión, que debe empezar entre nosotros e irradiarse del interior de las comunidades laicas de esta familia para el pueblo .

La espiritualidad de Julio Chevalier debe ser vivida en la realidad de nuestros días. Los tiempos que vivimos hoy no son los mismos de los laicos que acompañaban al Padre Chevalier. Ciertamente sus ideales de amor, el testimonio de Dios misericordioso y tierno, su carisma y espiritualidad continúan hoy pero hay que traduzirlos en nuestro tiempo, en el siglo XXI.

 

Los laicos de la familia Julio Chevalier en la Iglesia

El hombre y mujer de hoy, no aceptan más una orientación sin que ellos entiendan porque y para que necesitan de ella. Quieren también ser libres para decidir todo, incluyendo la manera de expresar su fe, sentiendose merecedores o no, en fin decidir sin tutela. En el tiempo de nuestros padres y algunos profesores no se cuestionaba nada, debía ser así y era. Actualmente se percibe un deseo de transformación de la mentalidad y de la libertad que se contrapone a la sumisión. Esto, esta ocurriendo en la política, economía, cultura, en las leyes y la Iglesia también no se escapa de esta realidad. Como consecuencia de todo esto, los discípulos misioneros se tornan más críticos, cuestionadores y muchas veces innovadores. En la opinión de muchos hasta pasan por rebeldes. Para alcanzar la autonomía que buscamos, necesitaremos ser capaces, conocedores de nuestro genuino valor como individuos y de nuestra responsabilidad. En algunas comunidades que tenemos observado, ya se percibe transformaciones y es posible sentir un espíritu de fraternidad, entre el sacerdote y sus parroquianos, buscando vivir una nueva manera de ser Iglesia. Ellos ya percibieron que es necesario cambiar la imagen tradicional, que no se acepta más, de “oveja guiada.” Para esta transformación, donde todos son llamados a participar tendríamos que aprender y vivenciar la autonomía, con participación también en las estructuras de decisión, dialogo, escucha, amor, servicio y co-responsabilidad. Reconocemos  aquí la presencia de los MSC que están incluidos en el ejemplo citado anteriormente.

El Espíritu de Dios soplando es el responsable por estos cambios, iniciados en el Concilio del Vaticano II cuando se formuló el desafío de que la Iglesia debería escuchar las señales del tiempo. Una de estas señales es “el protagonismo de los laicos”. Tomamos conocimiento que el Concilio había abierto un espacio para los laicos pero no sabíamos como superar tantos años de obediencia ciega, imposibilidad de participación, escucha, órdenes y poder. Deberíamos superar la sumisión y nuestra hesitación en asumir el compromiso, aún hoy, por un lado y el recelo y la inseguridad de algunos hermanos ordenados de perder el poder por otro. Todo esto obstaculiza nuestra caminada. Con todos estos cambios en curso una nueva mentalidad esta formándose y una nueva auto comprensión, apunta para una nueva autonomía [4]. A pesar de los documentos de la Iglesia como Santo Domingo, Ad gentes, Lumen gentium, , Aparecida,  el propio Derecho Canónico (1983) y otros que hablan de la participación de los laicos en las orientaciones de la Iglesia, en la práctica esto ocurre apenas en menor dimensión Los laicos también aún no consiguieran superar una historia milenar de sumisión. El propio laico no se siente encorajado a participar activamente, la mayoría prefiere apenas  asistir la misa y oír las homilías. Pero hay un cierto clima de renovación que refleja el despertar de los laicos para desafíos de la cultura actual con nuevas aspiraciones que ahora en algunos locales y parroquias son percibidas:

● la aspiración a la libertad, manifestada sobretodo en la percepción de la dignidad de la persona humana, como ejemplos: la reacción a toda la discriminación étnica y social, como la defensa de los derechos humanos y del medio ambiente etc

● la sed creciente de participación que exige un trabajo conjunto entre los ministerios ordenados y no ordenados, incluso en las decisiones  de la Iglesia. “Escuchen  los laicos, apreciando fraternalmente sus deseos, reconociendo su experiencia  y competencia en los diversos campos de la actividad humana, para juntos con ellos percibir las señales de los tiempos.” [5]

● la sed de formación para mejorar su competencia y habilitación en el trabajo misionero se torna un clamor.

● el despuntar de una espiritualidad bíblica más unida a la vida, histórica, comunicativa y afectiva

● el papel de la mujer en la Iglesia a cada día se torna más enriquecedor y cuestionador, por la contribución del lado femenino.

●el contacto con los medios de comunicación provoca una sensibilidad para los problemas universales.[6]

¿Como Laicos Misioneros de la Familia Julio Chevalier nosotros tenemos también estas aspiraciones? ¿Ellas están siendo cambiadas en realidad o permanecen como simples aspiraciones en mi comunidad?

Creo que ahí empieza nuestra misión. En primer lugar es necesario saber, como persona y comunidad, si estamos haciendo la voluntad de Dios para con nosotros y para los otros. Después de conocerla, intentar realizarla. ¿Cómo? Por la fidelidad a las promesas de nuestro bautismo y al proyecto que Dios tiene para cada uno, disponiendo los dones para el servicio en la comunidad. La obediencia a Dios es el dato central en la formación de una comunidad de discípulos y misioneros. No es una obediencia que se queda solo en palabras y buenas intenciones pero es aquella que lleva a asumir el compromiso empeñado en la propia existencia por el Reino de Dios. y más consciente a hacer nuestro compromiso, como Laico y Misionera del Sagrado Corazón., cumplirlo y renovarlo. Deberíamos pasar y buscar que otros pasen de una religiosidad pasiva y alienada para una vivencia activa y transformadora. Es ese tipo de actividad que Jesús pide a nuestras .comunidades de laicos. Así tendremos que superar los desafíos, hacer caer barreras que están ahí e impiden nuestra acción misionera.

Para tal el primer paso es recuperar la consciencia de nuestra misión que es ser agente de transformación responsable dentro y fuera de la Iglesia. ¿Como podremos cambiar algo se desconocemos nuestro papel? A seguir tendremos que cuestionarnos para saber que tipo de laicos somos nosotros, a partir de nuestra mentalidad. Sin recelo pero buscando la verdad para cambiar si fuera necesario. La paciencia y la fidelidad de Dios nos dará seguridad para que podamos analizar. Ciertos de su comprensión tendremos oportunidad de rever nuestra decisión y ser acogidos por su misericordia. Podemos cuestionarnos, a partir de la síntesis de Renold Blank,[7] ¿Somos?

Ovejas ─ los que quieren permanecer como tal: sentirse seguros, obedientes y mantener la dicotomía “el clero ↔ el laico”, teniendo miedo de nuevas estructuras y no deseando asumir responsabilidades, resistiendo a la emancipación recurriendo al valor de la tradición y al poder de la jerarquía.

Consumidores ─ los que se consideran emancipados, buscando en la religión y en la Iglesia conforto espiritual y que ellas puedan prestarles servicio.

Emancipados ─ los que representan el tipo de hombre y mujer pos-modernos, no aceptan la tutela de la Iglesia Institucional Aquí se incluyen los resignados, aquellos que perdieron también la esperanza de cambios en mecanismos de tutela y poder que emigran silenciosamente y los sublevados que también no creen en cambios por parte de la Iglesia y la abandonaron porque tuvieron experiencias decepcionantes con ella..

¿En que categoría de laico estoy incluido? ¿Será que me encuentro un poco en cada una o en ciertas ocasiones soy un (a) y en otra soy otro (a)?

Las dificultades y obstáculos al protagonismo de los laicos:

Un gran obstáculo al protagonismo del laico son las estructuras cerradas del poder jerárquico, aún existentes hoy. Poder que viene contribuyendo durante siglos para la aparición y permanencia de dos clases en la Iglesia, clérigos y laicos. Asimismo para nosotros, de la familia Chevalier que somos acompañados por hermanos ordenados con una visión más abierta y que tornan este yugo más suave, muchas veces nos sentimos bloqueados, juntamente con ellos, de ejercer nuestro apostolado para realizar nuestra misión. Pero de ninguna manera podemos decir que no fuimos ayudados por ellos. Hay un cierto alivio cuando percibimos en los religiosos ordenados o no y religiosas de esta familia, estructuras de comunión y participación fraternales que apuntan para una Iglesia donde la palabra- llave es servicio y no poder. Esta será la Iglesia de mañana y del futuro donde será mantenida la dignidad y el valor de cada un de los respectivos carismas, a partir de una perspectiva del servicio al Reino de Dios.

Cuanto a nosotros laicos, en la mayoría de veces somos más conocidos por la comunidad en general y por los sectores, por hacer parte de las pastorales de la liturgia, del bautismo, de los vicentinos, de la catequesis y como ministros extraordinarios de la Eucaristía etc.. de que Laicos Misioneros de la Familia Julio Chevalier a servicio de la Comunidad. ¿Dónde está nuestra identidad? Si nos tornamos pequeños grupos dentro de la comunidad y da comunidad mayor que es la Iglesia, si las personas que conviven con nosotros no son contagiadas para desear conocer, por nuestra vivencia la espiritualidad del Corazón, según el fundador, es necesario reflejar para valorar la caminada y ciertamente cambiar. Si nuestra misión es tornar conocido el Sagrado Corazón por toda parte y esto no está ocurriendo a partir del medio próximo, esto es, nuestra parroquia, en verdad es necesario tener el coraje de reconocer que algo necesita ser hecho.

para alcanzar nuestro objetivo. Las otras dificultades transcurren ciertamente de esta.

Por amar la Iglesia y creer que ella es capaz de renovarse, porque el Espirito de Dios transformador en ella actuar; esperamos y trabajamos para que ella sea viva, fiel y creíble, que sea capaz de promover un laiacato maduro, co-responsable con la misión de anunciar y hacer visible el Reino de Dios.

Como personas con identidad cristiana que atendemos al llamado para ser el Corazón del Cristo, como Laicos Misioneros de la Familia Julio Chevalier, en todo tiempo y lugar, es necesario  saber cuidar, que significa cuidar de los valores que dan rumbo a nuestra vida y de significados que generan esperanza, cuidar para colocar los compromisos éticos arriba de los intereses personales o colectivos, cuidar de alimentar la brasa interior de contemplación y de la oración para que jamás se apague. Significa especialmente cuidar de la espiritualidad experimentando Dios en todo y permitiendo su permanente nacer y renacer en lo corazón [8]

Así podremos decir: Donde hay un Laico Misionero de la Familia Julio Chevalier bien formado, participante, coherente y protagonista de una nueva evangelización, alí el Cristo se revela y se torna conocido y amado. [9]

“Amado sea por toda parte el Sagrado Corazón de Jesús (Julio Chevalier)”

Eternamente



[1] Humes, C. Discípulos e missionários de Jesus Cristo: ser cristão no mundo Atual. São Paulo, Paulus, 2006.

[2] Aparecida. Doc. V CELAM. Aparecida, SP 2007.

[3] Bingemer, M. C. L. Festa do Cristo Rei, dia do leigo. Entrevista ao Globo. Rio de Janeiro, RJ.2003.

[4] Blank, R. Ovelha ou Protagonista? A Igreja e a nova autonomia do laicato no século 21. São Paulo, SP. Paulus. 2007

[5] Presbyteorum ordinis. Decreto sobre o ministério e vida dos presbíteros.

[6] Pinheiro, F. Protagonismo do leigo: apelos, realidade, perspectivas in: O protagonismo dos leigos na Evangelização atual. São Paulo. SP Paulinas. 1994.

[7] Ibid (p.4).

[8] Cf. Boff, L. Saber cuidar: ética do humano – compaixão pela terra. Petrópolis RJ

Vozes.1999.

[9] Cf Rossi, W. A missionariedade dos leigos e leigas. Fé e Compromisso Social. Anais MSC. (10) 2008, São Paulo, SP.