“Vivir
nuestro carisma a través de la espiritualidad del Corazón”
Como
miembros de la Familia Chevalier, seguimos una dimensión profética de la vida
de Cristo, sus enseñanzas y su misión. Un ministerio profético es necesario en
cualquier situación que quiera mantener el equilibrio entre debilidades humanas
e idealismo. Todo grupo o comunidad, (lo mismo religiosos que laicos), que
emprende objetivos idealistas, también debe afrontar retos de luchas, pequeñas
envidias, legalismos, rutinas y contradicciones culturales. En otras palabras,
una comunidad o institución puede perder su espíritu y corazón y estar más
pendiente de lo externo y del control. Por esta razón, una comunidad tiene que
estar siempre abierta al ministerio profético para estar preparada para volver
a su espíritu de origen y visión. Esto es lo que Cristo intentó hacer en su
comunidad religiosa judía: volver al espíritu y al corazón. Por eso en este sentido Jesús fue un
profeta.
La Iglesia es una comunidad con todas sus humanas
debilidades. También puede moverse, y lo ha hecho, fuera del espíritu original
y la visión del Evangelio. Por esta razón la Iglesia necesita un movimiento
profético que conserve intacto el espíritu y la visión de Cristo. Dios, a
través de su espíritu, reparte gracias o favores especiales para todos aquellos
que quieran formar parte de este movimiento. Estos dones se llaman carismas, y
el P. Chevalier recibió uno de estos carismas. Vio a Jesús con una perspectiva
especial y fue urgido por el Espíritu Santo a presentar este camino de Jesús al
mundo de su época. Este particular modo de ver a Jesús estaba ya presente en la
Iglesia, pero necesitaba un nuevo impulso. Esta forma de ver a Jesús estaba
representada por su Corazón herido. Esto atrajo la atención sobre la humanidad
de Cristo y su compasión universal, pero a causa de herejías como el Jansenismo
estuvo a punto de ser rechazada y olvidada. Por eso el P. Chevalier inició
grupos como los religiosos y religiosas misioneros, los sacerdotes diocesanos y
los laicos que pudieran participar en esta misión profética.
Durante estos años, la mayor atención se ha volcado
sobre esos religiosos, hermanos y hermanas. Hoy nos piden recuperar la visión
del P. Chevalier respecto a los laicos. Es por eso que ahora hablamos de la
“Familia Chevalier”, que agrupa a todos ellos. Como miembros de esta familia
compartimos su carisma, que está vivo y es tan actual como lo fuera en su
momento. Ahora estamos preparados para recibir este carisma, un regalo especial
de gracia del Espíritu Santo, fortaleciéndonos para avanzar hacia la Iglesia y
hacia el mundo y proclamar el amor y la compasión que Dios manifesté en el
Corazón herido de Jesús. La proclamación más importante de los valores de Jesús
se encuentra en nuestra forma cotidiana de vivir.
No
vivimos el carisma del P. Chevalier cuando no vivimos la espiritualidad del
Corazón. ¿Qué entendemos por “Espiritualidad del Corazón”?. Hoy hay una nueva
apreciación de “espiritualidad” en teología, en los círculos pastorales. El
Obispo Cuskelly fue uno de los primeros teólogos que constató esta verdad. Es
por eso que cambió el énfasis en nuestro carisma, pasándolo de “devoción” a
“espiritualidad del Corazón”. El redescubrimiento de la espiritualidad como eje
central del cristianismo puede conducir a un nuevo entendimiento de la dignidad
de la persona y al descubrimiento de ciertas claves teológicas. Estas verdades
son: creación a imagen de Dios, reconocimiento de su Encarnación y el Reino de
Dios.
Ahora
se entiende que cuando Dios nos creó a su imagen y semejanza sopló su Espíritu
en nuestros corazones. Por eso toda
persona es esencialmente humana y tiene el Espíritu de Dios en su corazón.
Somos, por tanto, espíritus encarnados y esencialmente espirituales. Todos tenemos, originalmente, una
espiritualidad. El plan de Dios para cada persona es que pueda realizarse
plenamente su dignidad humana y crecer plenamente en su espiritualidad. Y la
nuestra es una espiritualidad encarnada. Jesús, con su vida y doctrina, nos
enseña cómo cultivar nuestra espiritualidad original centrada en nuestros
corazones. En otras palabras, cómo vivir la auténtica vida humana desde el
corazón. Es la forma más radical de seguir a Cristo y abandonarnos a la fuerza
del Espíritu en nuestros corazones.
Desgraciadamente,
la historia nos dice que podemos vivir de forma inhumana, incluso machacar
nuestro espíritu empobreciendo nuestra primitiva espiritualidad. Incluso la
Religión puede estar tan distorsionada que pierda el contacto con el corazón y
en consecuencia con nuestro espíritu. Esto es lo que Jesús descubre en su
propia religión judía. Se propuso anteponer el “corazón” por encima de la
excesivamente legalizada religión de su época. En otras palabras, intentó
restablecer una espiritualidad del corazón para gente desmoralizada.
La Espiritualidad del Corazón es un camino de conocimiento de mi persona y de Dios, de mi entorno y del mundo que me rodea. Espiritualidad es ante todo una vida de relación que debe empezar conmigo mismo, dependiendo de esta relación esencial la calidad de mi respuesta a Dios en todas mis relaciones posteriores. Una Espiritualidad del Corazón hace hincapié en la dimensión de la Encarnación de la Espiritualidad. La raíz de todas mis relaciones, incluida mi relación con Dios, se encuentra primero en mi propio corazón.
Según
Jesús, yo puedo amar a mi prójimo como a mí mismo. La Espiritualidad del
Corazón comienza con la aceptación de mi realidad humana. Al decir “sí” a Dios
en el corazón de mi propia creación, yo digo “sí” a Dios. Esta es la esencia de
la cristiandad. Es por eso que el P. Chevalier pudo proclamar esa devoción al
Sagrado Corazón, tal como se deduce de sus palabras en “La esencia del
cristianismo”. Esta forma de vivir desde el corazón también aparece descrita
como “compasión”. Esta palabra tiene su raíz en arameo y hebreo con el
significado de “regazo”, que alude a una zona del cuerpo humano que sugiere
protección y alimento. Es donde se forma la hermosa creación de Dios, de
acuerdo con sus planes. María, Nuestra Señora del Sgdo. Corazón, fue y es el regazo
de Dios. Pero no tenemos tiempo para
profundizar los nuevos tesoros que contiene el libro “Nuestra Señora del Sgdo.
Corazón”.
Como
miembros de la Familia Chevalier, en nuestra vida cotidiana, en nuestras
comunidades y en nuestra civilización, nuestro mundo debe ser más compasivo
para reparar así las heridas infligidas en el Corazón humano de Dios. Sólo
podemos cerrar esas heridas si nosotros empezamos a vivir desde nuestro
corazón, si empezamos a recuperar esa relación esencial con nuestra propia humanidad
y empezamos a vivir una vida de amor.
(Conferencia del P. Nick Harnan, msc)